La Jornada, México, 19.09.2004

Gloria Muñoz Ramírez

Radio Insurgente


"Buenos días. Estás escuchando Radio Insurgente, la voz de los sin voz. Voz oficial del Ejército Zapatista de Liberación Nacional. Son las cuatro de la madrugada, hora de combate suroriental".

La luz del día aún no llega, las mujeres echan las primeras tortillas en el comal y los hombres se preparan para ir a la milpa, mientras los niños permanecen dormidos en filas de tres, cinco o hasta 10 en un estrecho cuarto de techo de lámina y piso de tierra.

La única luz en este poblado zapatista es la que se desprende de los fogones recién prendidos y el silencio es casi total. Las mujeres se apartan un minuto del comal y sintonizan sus viejos radios. "Ya se mira el horizonte, combatiente zapatista, el camino alcanzará, a los que vienen atrás...", se escucha en la radio, e inmediatamente después aparece la voz clara, nítida, de una indígena insurgente: "Buenos días. Están escuchando Radio Insurgente... esperamos que se encuentren muy bien los compañeros y compañeras que resisten, dondequiera que estén. A las bases de apoyo del EZLN les decimos que estén tranquilas haciendo su trabajo. A los que no son zapatistas también los saludamos. Ésta es la voz de los sin voz".

La locutora insurgente, una mujer que combina el fusil con el micrófono, ofrece entonces parte de la programación del día: "Hoy tendremos programas con nuestra palabra del EZLN, tendremos también las complacencias de su música preferida y los saludos que ustedes mandan. Transmitiremos también programas de salud, para que no nos enfermemos y nos cuidemos; además de programas sobre el trabajo y los derechos de las mujeres y muchas cosas más... Recuerde que está usted escuchando Radio Insurgente y que somos una radio libre que está hecha para el pueblo, para que todos conozcan su lucha".

La mujer frente al comal no deja de echar tortillas y de escuchar. Su hija, una adolescente, no sólo escucha, se diría que a ella le gana la impaciencia. Llega la hora de los saludos y complacencias y sale a relucir el motivo que la inquieta. Se escucha en la radio: "Aquí tenemos una cartita que nos llegó hasta esta cabina y que vamos a leer con mucho gusto: Saludos a la Rosa, del municipio autónomo San Pedro de Michoacán, para ella quiero pedirles la canción de La cárcel, con los Bukis. Les pido que la toquen los días 8, 9 y 10 de este mes, a las seis de la mañana, a las ocho y a las 12, porque de por sí ella lo va a estar escuchando Radio Insurgente. Saludos al subcomandante Marcos, a todos los insurgentes y a todas las bases de apoyo...". Firma Pablo, del mismo municipio autónomo.

A la adolescente se le ilumina entonces la mirada, la mujer frente al comal parece indiferente y el hombre de la casa, a quien seguramente no le ha hecho ninguna gracia el saludo, toma su machete y su morral y parte a la jornada diaria. Carga un radiotransmisor de baterías.
En Los Altos de Chiapas, a más de 10 horas de la selva tzeltal y tojolabal, en esos mismos momentos tzotziles de San Juan Chamula trabajan en los cafetales. No son zapatistas ni mucho menos, pero han instalado un altoparlante o bocina de trompeta con dirección al campo y ahí, mientras recogen el café, escuchan Radio Insurgente Zona Altos.

Lo mismo ocurre en el cuartel militar de San Quintín, en la selva fronteriza, donde, aunque les han prohibido a los soldados sintonizar la estación de los rebeldes, no dejan de hacerlo a escondidas de sus mandos. En los retenes y guarniciones que, como no existen oficialmente pueden ser sólo una ilusión óptica, la tropa del Ejército federal, acalorada y de mal humor, se entretiene con la música zapatista. Las ondas hertzianas de Radio Insurgente se cuelan también a los lodosos campos de futbol y a las infaltables canchas de basquetbol en las que, sin dejar de jugar, los indígenas priístas escuchan a todo volumen la voz del EZLN.

Uno de los efectos más notables de las transmisiones, platica el coordinador general de las tres emisoras de Radio Insurgente, es que "han llegado a la estación peticiones de cientos de familias que estaban trabajando con grupos paramilitares y ahora piden su ingreso al EZLN; y hay también solicitudes de gente del PRI que pide materiales de nuestra lucha, para conocerla más".

Radio Insurgente enfrenta en cada transmisión la interferencia del Ejército federal. En muchos poblados apenas empieza la programación y en la frecuencia se meten otras estaciones o canciones en inglés. Los programas que, por lo visto, enojan más al gobierno, son los cuentos en la voz del sup Marcos y la barra de noticias.

Otro problema es la falta de recursos y las condiciones en las que se transmite la señal. Las precarias estaciones se ubican en la montaña, hasta donde llegan los locutores con todo o parte del equipo y los bidones de gasolina a cuestas para cada transmisión. No faltan las tormentas y los rayos que "se chingan todo", como sucedió una vez con la emisora de la selva fronteriza.

Y es precisamente esta emisora la que se encuentra en la montaña más alta. El locutor insurgente (acompañado por una insurgente y esta reportera), sube una loma con todo el equipo sostenido en la espalda con un mecapal. Un pedregal empinado no deja lugar a la respiración. El insurgente se adelanta, pues aún tiene que hacer otro viaje con 20 litros de gasolina. El ruido del motor anuncia que la punta del cerro está cerca. Llegamos y solo, bajo un techo de plástico, el locutor en turno ha iniciado la transmisión: "Muy buenos días. Son las 11 de la mañana, hora de combate suroriental. Está usted escuchando Radio Insurgente, la voz de los sin voz que transmite su señal desde las montañas del sureste mexicano, territorio libre de la opresión del neoliberalismo."

Una pequeña mesa de bejuco es toda la escenografía. Sobre ella descansa la mezcladora y los aparatos de audio. Una antena y un motor son el complemento. El canto de los pájaros, los grillos y la caída del agua, son sonidos naturales que se mezclan con las canciones y mensajes. El insurgente no suelta su arma. Transmite con ella a un lado sin dejar de atender el micrófono.

En esta zona los responsables de las emisiones hacen entrevistas a la junta de buen gobierno, a las mujeres promotoras, a la sociedad civil que visita el caracol. También han transmitido mesas redondas en vivo, con temas sobre el neoliberalismo; y un programa, recordado por todos, sobre los ofensivos salarios de los diputados, senadores y presidentes municipales.

Termina la transmisión. El insurgente desconecta el equipo y, nuevamente con más de 30 kilos a cuestas, baja la montaña. Al día siguiente la historia se repetirá, volverá a subir la loma y, como todos los fines de semana, se volverá a escuchar su voz hasta Guatemala.
Radio Insurgente es una realidad desde el 14 de febrero del 2002. Hoy opera en tres regiones zapatistas: en Los Altos, en la selva tzeltal y en la selva fronteriza. Son tres emisoras distintas que, de acuerdo con su ubicación y alcance, transmiten mensajes en español, tzotzil, tzeltal y tojolabal. La programación la realiza cada unidad insurgente, aunque existen programas generales que se comparten entre las tres estaciones. Los horarios de cada emisora también son distintos y cambian de acuerdo con las condiciones climatológicas (tormentas), económicas (recursos de la estación) y políticas (interferencias).

Todas las estaciones operan en frecuencia modulada (FM) y existe una más que transmite en onda corta. Ésta última tiene orientada su antena hacia el norte del país, Centro y Sudamérica: "Radio Insurgente, voz oficial del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, transmite en la frecuencia de 6.0 megahertz en la banda de los 49 metros de onda corta de su radio", se escucha todos los viernes de tres a cuatro de la tarde, en países como Guatemala, El Salvador, Nicaragua y el resto de Centroamérica, y falta aún recibir confirmaciones de países de América del Sur.

Por lo pronto, y adelantándose a la ampliación de la cobertura, se transmite un espot de identificación en japonés, turco, alemán, francés, chino e italiano, grabado por simpatizantes de la lucha que han visitado las comunidades. Una mezcla musicalizada de idiomas y sonidos en la que, para alguien que sólo habla español, las únicas palabras identificables son "Radio Insurgente".

La programación, "lo que hace viva nuestra radio", abarca programas de salud y educación autónoma, derechos y trabajo colectivo de las mujeres, cuentos para niños, campañas contra el alcoholismo, lectura de los comunicados del EZLN, audioteatros sobre la resistencia y la autonomía, barra de noticias y el platillo fuerte es regularmente un cuento creado, producido y narrado por el subcomandante insurgente Marcos, en su papel de locutor y productor.
"Cuando los pueblos escuchan la voz del sup piensan que de por sí está en vivo. Hay veces que de por sí habla en vivo, pero hay otras que son cuentos grabados. Los compas piden mucho que se vuelvan a pasar y pues se repiten, porque en la Radio Insurgente de por sí pasamos lo que nos piden", afirma una de las locutoras entrevistadas.

El cuento de "El Chómpiras", que habla del compañerismo, y el de "La bruja Pánfila y la princesa Panfililla", que se refiere a los derechos de las mujeres, son las producciones más recientes del subcomandante Marcos. En ambas él hace diferentes voces, bromea con los posibles radioescuchas, con la tropa y con su equipo de producción, que musicaliza y llena de efectos especiales las narraciones.

El espacio dedicado a los saludos y complacencias musicales es el más esperado en todas las regiones. Las bases de apoyo zapatistas y hasta algunos priístas o de otra organización, solicitan, mediante cientos de cartas enviadas a las estaciones, la transmisión de una serie interminable de saludos y canciones.

Los Bukis, el grupo Brindis, Los Temerarios, Los Ángeles Negros, Juan Gabriel y hasta Julio y Enrique Iglesias (quién lo dijera), comparten el espacio rebelde con los grupos locales que entonan canciones y corridos revolucionarios, en su mayoría composiciones nuevas que hablan de la lucha zapatista. Grupos como Dos vientos de voz y fuego, Nuevo Amanecer, Jacinto y su guitarra y Los veteranos del Sur, son el éxito del momento en Los Altos y la selva zapatista.

A través de las canciones se da también un intercambio cultural entre las bases de apoyo y grupos prozapatistas de México y de otras partes del mundo. No es raro que en la hora de las complacencias los requeridos sean Maldita Vecindad, Panteón Rococó, Los de Abajo, Manu Chao o Amparanoia. El infaltable es, por supuesto, Pedro Infante, y el jazz, dicen, "sólo le gusta al sup".

En Los Altos
"Está prohibido decir no puedo. Aquí todo se puede, menos rendirse", dice un letrero escrito sobre una cartulina y pegado en una de las paredes de la cabina de Radio Insurgente- Los Altos. En un extremo del pequeño y limpio local, agrupados en estricto orden, esperan su turno Sargento García, Oscar Chávez, Pérez Prado y una lista interminable de cantantes y grupos locales, nacionales y extranjeros. Un mapamundi, un reloj, y la programación del día ocupan las otras paredes de madera tapizadas con cartones de huevo, para aislar el ruido.
Mientras un locutor atiende la transmisión en vivo, la insurgente Angélica deja por unos momentos sus dos armas: el fusil y el micrófono, y relata a La Jornada su experiencia como locutora: "Mi trabajo de ser locutora es estar animando a las bases, programar, editar, cambiar la música. En la mañana pongo mi himno zapatista, a las seis en punto empezamos. Después del himno les doy la bienvenida y tocamos la música. A las 6:30 ya doy las complacencias y luego ya lo que se programó sobre salud, sobre educación, discursos o lo que se vaya a dar.
"En estos días -platica- estamos transmitiendo sobre las medicinas preventivas. Hemos entrevistado a las mujeres parteras de los pueblos. Les preguntamos cómo ayudan a las compañeras que están embarazadas. Ellas nos explican a través de la radio cómo se deben tomar plantitas para que el niño se acomode. Lo hacemos todo en tzotzil y ya luego lo traducimos al español."

Otros reportajes que las insurgentes han preparado para la radio se refieren a un proyecto de tienda cooperativa de las mujeres de Polhó; otro de una panadería, y uno más del colectivo de telar. "Estamos, pues, aprendiendo a ser como reporteras", afirma Angélica, orgullosa y contenta con su nuevo trabajo.

"Todo esto -continúa su relato- es muy importante para que los pueblos vean los avances de cada municipio. Hay municipios autónomos que no se organizan y cuando lo pasamos en la radio lo que hacen en otros lados, ellos se animan y empiezan a trabajar."
Las instalaciones de Radio Insurgente en esta región tienen otro pequeño cuarto de trabajo tapizado con decenas de cartas enviadas a la estación y, junto a él, la cabina de edición. Ahí, frente a la computadora en la que en esos momentos se editan saludos enviados desde Francia, Grecia y España, Rosa, otra insurgente, continúa el relato: "Una vez llegó una carta que nos dice que sigamos adelante y que un día ella, la que escribe, va a llegar con nosotros. Dice 'yo me siento muy triste porque no estoy cómoda, porque no estoy en ningún partido, me siento sola. Llámenme si puedo llegar a Radio Insurgente. Quiero integrarme en ser zapatista.
"Otra cosa que pasa -continúa Rosa- es que en las fiestas de los pueblos ya no ponen casetes o discos, ahora ponen la música de Radio Insurgente. Antes poníamos música clásica o instrumental y una vez nos dijeron: 'no nos gusta, nos da sueño'. Ahora, ya sólo ponemos cumbias, tropical, revolucionarias, románticas, gruperas, baladas, trovas, rock, casi de todo. El cuento de la "Bruja Pánfila...", del sup Marcos, lo hemos transmitido muchas veces desde que llegó. Sirve mucho para ver el respeto a las mujeres y de paso les divierte a los pueblos".

Se transmiten también mensajes sobre la violencia a las mujeres y programas para fomentar la participación femenina, "para que no se dejen que sus esposos les prohíban salir". Hay también programas destinados a los padres y madres de familia, "para que no golpeen a sus hijos"; se transmiten también espots sobre los carros chocolates, "para que no los compren porque son ilegales", y campañas de higiene y prevención de enfermedades, "en los que se dice cómo cuidar una diarrea, cómo prevenir la gripa (esta zona es de mucho frío), o cómo deben cuidar su salud las mujeres".

En La Garrucha
A las 12 en punto, "hora suroriental", se inician las transmisiones en la selva tzeltal. En la tienda zapatista Smaliyel, ubicada en el caracol de La Garrucha, se intenta sintonizar la estación desde minutos antes. Como en las otras regiones, los acordes del Himno Zapatista abren la emisión, primero en su versión tzeltal y, al día siguiente, a cargo de la rockera española Amparanoia.

Es fin de semana y hay más gente que de costumbre paseando por esta comunidad que alberga a la junta de buen gobierno El camino del futuro. Después de la bienvenida, se inicia la transmisión con Las mañanitas revolucionarias, para "todos los compañeros y compañeras de nuestros pueblos que hoy festejan su cumpleaños". La señal es recibida hasta el sitio de taxis prozapatistas que se encuentra en la cabecera municipal de Ocosingo, y atraviesa también la cañada de Patiwitz y los municipios autónomos de San Manuel y Francisco Villa.
Durante la primera hora, dedicada a la voz y palabra zapatista, se transmiten en esta ocasión "materiales discográficos que se han hecho en favor de nuestra causa zapatista". La locutora de esta región explica que Los Nakos "son un grupo que hizo un disco que se llama Va por Chiapas, del que vamos a pasar una canción". Se arrancan entonces Los Nakos con eso de que "por cada fusil una escuela, y que el amor sea tu sol".

Las efemérides dan paso a un corrido zapatista entonado por el grupo Los Miserables, que sirve de fondo al patrullaje de más de 20 vehículos repletos de militares con la ametralladora apuntando al pueblo. Escenas cotidianas en estos parajes desde hace más de 10 años.
Aún no acaban de pasar los soldados y ya se escucha un espot sobre la salud en la resistencia. La segunda hora es de saludos y complacencias, y es el momento en el que Clara, una joven de la región, corre a un lado del radiotransmisor ubicado en la tienda-comedor zapatista y, sin contener la sonrisa, escucha el saludo que ha enviado a su familia. Con el rostro satisfecho se retira de la bocina una vez concluido su mensaje.

La programación continúa y en un tercer momento inicia "la hora de la poesía, el cuento y el relato". Es el año del centenario del poeta chileno Pablo Neruda y en territorio zapatista no pasa desapercibido. La locutora en turno explica: "Neruda luchó y escribió sobre el amor, la mujer, la guerra y la paz... es un poeta que apoyó la lucha popular de Chile. Es por eso que en Radio Insurgente lo recordamos..." Una fluida lectura de Crepusculario (fuiste mía y fui tuyo...) finaliza la intervención.

Otro aniversario, el de la lucha sandinista en Nicaragua, ocupa un espacio. Y una efeméride más se refiere a Pancho Villa. También se habla de la lucha de "nuestros hermanos indígenas en los Loxichas, en Oaxaca" y, a la hora de las complacencias, hacen su aparición, ni hablar, Los Temerarios y Los Bukis.

En todas las estaciones de Radio Insurgente se escucha un mensaje que, con humor, el subcomandante Marcos envía a los paramilitares: "Queremos mandarle un saludo a los paramilitares que andan por ahí amenazando a nuestras bases de apoyo. Les digo claro que ya no va a pasar como otras veces, ya no nos vamos a quedar así nomás viendo sus maldades, ahora lo vamos a cobrar bien caro (sonido de dos cuchillos). Mejor escuchen Radio Insurgente, la voz del EZLN, que también transmite para los indígenas que no son zapatistas, y les explica la lucha para que también se organicen y luchen".

También los soldados son destinatarios de Radio Insurgente. En los campamentos y cuarteles militares de la selva y de Los Altos, escuchan el siguiente mensaje: "Soldado que provienes del pueblo, escucha: Eres igual que nosotros, estás igual de pobre. Si dejas de ser soldado vas a ganarte una vida digna. Deja de pelear contra tu propia gente... Únete a la vida en rebeldía, que es una vida interesante, libre y digna... Desanímate y rájate del Ejército. Es hora de abrir los ojos".

El objetivo de Radio Insurgente, señala su coordinador general, "es mantener informadas a las bases de apoyo sobre la lucha, apoyar su formación política, fomentar la salud y la educación autónoma, divertir y entretener a los pueblos. La radio es un arma muy poderosa que estamos aprendiendo a conocer".

A través de la radio, explica, "se fomentan también las tradiciones de los pueblos, se toca la música indígena, se hacen campañas de prevención de enfermedades, se cubren actividades importantes, como fiestas o movilizaciones zapatistas, se hace, pues, que viva la radio".
En estos momentos se busca también que crezca la cobertura y se abran nuevas emisoras, pues aún hay huecos en el territorio en resistencia a los que no llegan las ondas insurgentes. No hay recursos, pero están produciendo su propio material discográfico, de cuyas ventas se adquiere material y equipo. Radio Insurgente cuenta con sus propios estudios de grabación, donde grupos musicales como Nuevo Amanecer producen los discos que sacan a la venta. De esta manera, se apoya a los músicos y se obtiene una ganancia para el mantenimiento de la emisora.

El coordinador general explica: "Hay mucho trabajo y, sobre todo, nuevas ideas. Está por salir la página web de la Radio, donde se podrán escuchar en vivo las transmisiones, se podrán escuchar programas anteriores y se explicará cómo se puede colaborar con este proyecto. La radio tiene mucho potencial y esto, como todo, apenas empieza".